"La felicidad no tiene recetas; cada quién la cocina con la sazón de su propia meditación."
Es increíble lo que puede llegar a cambiar un pastel en cuestión de unos minutos, ¿no es cierto? Imagínate dentro de unos años cuando tu bebé esté a punto de decir mamá y le estés observando, mientras en el horno se te quema la empanada. Sería maravilloso, ¿no? oír esas palabras aunque el aire que respires se inyecte de olor a hojaldre quemado.
O también, imagina que un día intentas hacer ese super plato de macarrones con esa salsa mágica que aparece en todos los libros de cocina. Y vas tú, y no tienes justo la sal del Himalaya que necesitas, y le hechas un poco más de queso Gruyere, para contrarrestar. Y al final resulta que te salen los mejores macarrones del mundo.
Pues así es la vida, en cuestión de minutos, te cambia la receta.
Porque lo que tú pensaste una vez que irías añadiéndole, para hacerla perfecta, de repente va y te falta el ingrediente, y te quedas con una cara de tonto que no puedes con ella. Porque a lo mejor esa persona que tú creías imprescindible para que el corazón se te inflara como los bollos en el horno, resulta que no hacía tanta falta, que se infla incluso más si no aparece.
O luego un día vas, y se te olvida que tienes un amigo horneándose, y él te llama, como el horno, y tú venga a decir que estás muy ocupado haciendo no se qué y que no puedes verle, hasta que un día va y se quema, y encima tú te lamentas y te preguntas cómo pudo pasar. ¡Tendrás morro! Y sí, como cuando se te quema el filete, coges e intentas rascar la capilla de arriba, la más churrascada y hombre, sí que se va un poco, pero siguen quedando esas secuelas que dejan el corazón un poco magullado.
Pero bueno, es cierto que hay veces que no importa que se queme el pastel si consideras que tu motivo es más importante que cualquier otra cosa. O igual no lo piensas, pero en ese momento es lo que te apetece y total, que más da.
Siempre puedes hacerte un sándwich, que lo arregla todo.
Es increíble lo que puede llegar a cambiar un pastel en cuestión de unos minutos, ¿no es cierto? Imagínate dentro de unos años cuando tu bebé esté a punto de decir mamá y le estés observando, mientras en el horno se te quema la empanada. Sería maravilloso, ¿no? oír esas palabras aunque el aire que respires se inyecte de olor a hojaldre quemado.
O también, imagina que un día intentas hacer ese super plato de macarrones con esa salsa mágica que aparece en todos los libros de cocina. Y vas tú, y no tienes justo la sal del Himalaya que necesitas, y le hechas un poco más de queso Gruyere, para contrarrestar. Y al final resulta que te salen los mejores macarrones del mundo.
Pues así es la vida, en cuestión de minutos, te cambia la receta.
Porque lo que tú pensaste una vez que irías añadiéndole, para hacerla perfecta, de repente va y te falta el ingrediente, y te quedas con una cara de tonto que no puedes con ella. Porque a lo mejor esa persona que tú creías imprescindible para que el corazón se te inflara como los bollos en el horno, resulta que no hacía tanta falta, que se infla incluso más si no aparece.
O luego un día vas, y se te olvida que tienes un amigo horneándose, y él te llama, como el horno, y tú venga a decir que estás muy ocupado haciendo no se qué y que no puedes verle, hasta que un día va y se quema, y encima tú te lamentas y te preguntas cómo pudo pasar. ¡Tendrás morro! Y sí, como cuando se te quema el filete, coges e intentas rascar la capilla de arriba, la más churrascada y hombre, sí que se va un poco, pero siguen quedando esas secuelas que dejan el corazón un poco magullado.
Pero bueno, es cierto que hay veces que no importa que se queme el pastel si consideras que tu motivo es más importante que cualquier otra cosa. O igual no lo piensas, pero en ese momento es lo que te apetece y total, que más da.
Siempre puedes hacerte un sándwich, que lo arregla todo.
ouuhh bebé...cmo sale esto tan lindo de una cabecita tan loca? :)
ResponderEliminarSimplemente genial